Estupendo artículo de Arantza en el blog Espada de doble filo.

Gracias pues, Bruno, por tu invitación a hablar de esta alternativa para las familias católicas que es educar a los hijos en casa, y lo dejo todo en manos de la Virgen María, Madre y Maestra, en la víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción

La primera vez que nos planteamos la educación en casa fué en el Adviento de 1998, en Inglaterra, donde residíamos entonces, despues de escucharlo de otras familias católicas amigas con niños pequeños como nosotros, muy preocupadas por el estado de los colegios y la educación contra-cristiana que allí iban a recibir. Nos encontrábamos semana sí otra también con dificultades y tensiones, cuando no luchas, con quien deberían ser nuestros más estrechos colaboradores en la tarea de educar a nuestros hijos: profesores, tutores y directores de los colegios. Estábamos también por Gracia y Misericordia de Dios en una bonita aventura de conversión, nos juntábamos varias familias jóvenes de la parroquia cada lunes a rezar el Rosario con nuestros hijos, muy pequeños todos entonces en aquel grupo.

Habíamos leído cosas interesantes de autores católicos, ahora bien conocidos, que habían tomado este camino, como Michael O´Brien, o Scott y Kimberley Hahnn, esta última autora del ya clásico Catholic Homeschooling, Homeward Bound. Como otros tantos padres cristianos, nos habíamos sentido impotentes ante la falta de control y decisión sobre lo que nuestros hijos iban a leer, a estudiar, los valores y los modelos que se les ofrecían y ofrecerían en el colegio, las malas influencias, no solamente de compañeros, sino también de profesores. Una mujer en nuestra parroquia me había dado una estampita con una oración para rezar por los hijos alejados, para que vuelvan a la Iglesia. ¡Pero si nuestros hijos todavía eran unos niños! Me sobresalté ante la idea de estar ya rezando por su conversión. No ibamos a resignarnos a ello. Es más, me parecía indignante el que se nos propusiera hacerlo, porque además, y siento decirlo, el colegio se decía católico.

Mientras en nuestra casa intentábamos crear un ambiente bueno y religioso, donde todo lo que entrara, vía lecturas, programas de radio, música, etc, contribuyera a nuestra edificación y a avanzar en una vida más evangélica, mientras intentábamos vivir un santo Adviento, nuestra hija mayor nos dijo que tenía que ensayar una canción de las Spice Girls para el festival de Navidad. La cartera nos la traían con libros y lecturas insulsas o empapadas de anti-valores, de “political correctness” y hasta en los libros de los pequeños, se veían asomar las ideologías nocivas y contrarias al cristianismo en ejemplos, dibujos, textos de lectura y demás. La mayor, en Primaria, hubiera tenido que sufrir alguna clase de educación sexual que como estaba metida en ciencias naturales, no podíamos objetar. Tuvo que ponerse enferma, con la consiguiente sospecha de la dirección.

Despues de Navidad, empezamos el homeschool. No sin cruz, no sin soledad, sin dificultades, también debido a nuestras faltas, a las incomprensiones de los demás, a la carga que entonces tenía con otros cuatro niños de cortísimas edades en casa y un nuevo embarazo. Una amiga me dijo entonces, “No te preocupes, lo importante es lo que no aprenden”. Un jesuita mayor que apoyaba el homeschooling allí, Father Thwaites S.J., nos decía que “por la inocencia de los niños”, merecía la pena. Pero sí aprendieron, leyeron mucho, y “tiraron del carro”, ellas estaban contentas y casi no necesité ocuparme de sus estudios aquel año . Pero en mi caso tenía mi país, con la opción por buenos colegios católicos, y aquí nos volvimos.

No puedo negar que esa experiencia no la olvidé, y la Providencia me reparaba sorpresas. Me vine a España por los colegios, y me encuentro hablando del Homeschooling aquí

En España, por circunstancias varias,en las que veo la Providencia del Señor pues creo que esto podrá hacer bien a otras familias, me veo ya desde hace tres años, educando de nuevo en casa. Primero, a los que no obtuvieron plaza en el colegio de nuestra elección al cambiar de domicilio. Luego, cuando todos las habían obtenido, por no poder pagar las mensualidades, pero más que eso, porque he visto con los años y más experiencia, que, aunque con sus cruces, espinas, soledades y dificultades, educar en casa a los hijos es posible, es fuente de bendiciones, aprenden, o pueden aprender con la dedicación debida y el amor que Dios nos da por ellos, y que nos permite tener una vida familiar centrada en la oración y en la formación cristiana de nuestros hijos.

Empezamos con Laudes todos juntos, que ya sabe recitar y leer hasta mi niño de seis años, por la tarde la Misa en la parroquia, donde los niños son monaguillos, y por la noche Rosario, con velas y todo pues no hay prisa, cuando antes con los agobios de la tarea y el cansancio del largo día escolar, era una lucha lograr alguna de estas cosas.-Hago aquí un inciso para decir que por supuesto hay familias que van a Misa y rezan juntos el Rosario a diario sin necesidad de no mandarlos al colegio, y a la vez, otras que hacemos homeschooling podríamos “entibiarnos”, y olvidar “nuestro amor primero”, la conversión es un reto diario para todos, un don.

A nivel de estudios, el homeschooling no es simplemente una educación a distancia, aunque matriculemos a los niños en estas academias para obtener certificaciones de estudios y titulaciones. Somos los padres los tutores y directores de sus estudios, los que diseñamos el curriculum, con ayuda o sin ella por parte de algún programa o academia para homeschoolers. Tenemos la libertad de elegir los libros, sólo los libros de texto que consideramos buenos desde un punto de vista cristiano, de dar el debido peso a las materias más importantes, el poder introducir otras como el latín para los niños, el facilitarles que lean mucho, cuentos y libros clásicos, y no clásicos, pero que presenten modelos de heroísmo y virtudes, y en todo, una enseñanza en Dios y con Dios, la presencia de la religión y catequesis en la extensión que queremos los padres, no la que impone un plan de estudios diseñado por el Gobierno. Los dictados y las memorizaciones, sobre libros de provecho espiritual. En cuanto a la cultura y el arte, la literatura, poesía, hay más tiempo para la apreciación de nuestra herencia cultural cristiana, pues es donde nos centramos. Y ninguna concesión al feísmo que todo lo invade. También el educarles la sensibilidad en la buena música, el gregoriano, la polifonía, todo lo bello y bueno. Hay tiempo para ello, para poner por encima de otros conocimientos más utilitarios estos que son de verdad importantes para su formación humana y cristiana. Tiempo para ir despacio con el que lo necesita, y tiempo y posibilidad para dar alas al niño que se adelanta al nivel establecido para su edad.

Laura Berquist, directora de Mother of Divine Grace School (escuela para homeschoolers norteamericana) en el prólogo a su libro Designing your Own Classical Curriculum dice que la familia está llamada a cumplir ahora la misión de los monasterios en épocas pasadas, de transmisión de la fé y de una verdadera cultura cristiana a las nuevas generaciones. Eso no excluye a los verdaderos colegios católicos, como dice Father Fessio S.J., director de Ave María University y de Ignatius Press, ambas opciones se pueden complementar y ayudar mutuamente, colegios parroquiales, colegios católicos privados y familias que vivan el homeschool.

Por nuestra parte hemos visto que es cierto que los niños se vuelven más dóciles, obedientes, y tranquilos, sin traer tanto mal hábito, y mala socialización del patio del colegio. La familia es la primera socializadora, los padres somos los primeros educadores de nuestros hijos, y tenemos el derecho, no la obligación, de delegar la educación, estrictamente hablando. Pero no de dejarla a manos del Estado, o de un colegio que va a ir en contra de lo que se vive en familia. Y si la familia queda rota por horarios imposibles, por demasiado trabajo para pagar colegios privados, entonces, lo primero y principal, la vida en familia y la educación de los hijos como prioridad, puede verse impedido.

Otra razón (la que daba Gandhi para no enviar a sus hijos al colegio) es que los niños son más serviciales, ayudan en casa porque el trabajo de la casa se comparte y se enseña a hacer a los hijos (parte fundamental de todo homeschooling, y de la vida misma), se relacionan con más tiempo con el vecindario, ese matrimonio anciano al que le podemos llevar un trozo del bizcocho que hemos aprendido a hacer, los sacerdotes de la parroquia y otras personas de todas las edades con las que nos encontramos en la vida diaria. (No veo yo que a la puerta de los institutos tengamos tan buenos ejemplos de lo bien que socializa la escuela… a veces, todo lo contrario. )

Como padres, mientras nuestros hijos están creciendo y formándose, debemos cuidarlos del mal, hasta que se robustezcan y puedan elegir en verdadera libertad. No podemos tan fácilmente pedir a nuestros hijos que sean testigos en medio de un ambiente tan adverso, cuando aún no están formados. Si no tenemos colegios en los que confiar plenamente, creo que la tarea se nos pone más difícil que la que tendríamos al educar a nuestros hijos en casa. Para crecer como personas, como cristianos, necesitan hacerlo en el bien y en la verdad, y así un día poder ser sal y luz en nuestra sociedad.

Y termino citando el art. 5 de la Carta de los Derechos de la Familia, doctrina pues de la Iglesia:

“b) Los padres tienen el derecho de elegir libremente las escuelas u otros medios necesarios para educar a sus hijos según sus conciencias.”

Los padres pues ejercemos el derecho de elegir libremente el modo de educar a nuestros hijos también cuando decidimos no delegar en una institución educativa. Ejercemos también nuestro derecho “originario, primario e inalienable” de educar a nuestros hijos según nuestras conciencias, si creemos ante Dios ante el que tendremos que últimamente rendir cuentas, que esta es la vía para nuestra familia en esta hora.

Arantza, madre de diez hijos.